El Sanador en ti es cuidado, reparación y sensibilidad. Notas lo que a otros se les pasa: el tono que cambia, la ausencia que nadie nombra, la herida debajo del enfado. Restauras, acompañas y traes presencia compasiva, y esa presencia es en sí misma la intervención. No necesitas arreglar nada para que las cosas empiecen a recomponerse cerca de ti; basta con que estés, mirando de verdad.
Su reverso es el mismo don llevado al exceso. Cuando la sensibilidad se convierte en responsabilidad automática, puedes rescatar de más o confundir cuidado con auto-abandono: dar de un depósito que ya estaba vacío y llamarlo generosidad. El otro deja de ser un igual y pasa a ser alguien a quien salvar. La medicina es dejar que el cuidado incluya límites claros y descanso propio: cuidarte también es parte del cuidado que ofreces.
